19 álbumes: bitácora musical

Para 19 días de cuarentena #BacánikaEnCasa

Nunca, en nuestra historia, habíamos estado tan solos, tan confundidos. Y nunca, en mi historia, había necesitado tanto de la música. Publicaré durante estos 19 días un álbum diario: un ejercicio para detenerme a escuchar una hora al día y recordar que actualmente la música nos permite compartir en la distancia.

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E

s en los confines de la cuarentena donde los discos se vuelven imprescindibles; donde escuchar tu álbum favorito puede significar no desdibujarse; donde, entre el pánico y la zozobra, la claridad se esconde detrás de una canción.

Ahora, más que nunca, la música es necesaria.

Para algunos los álbumes tienen más valor cuando están tallados en un vinilo o en un CD, pero hoy, bajo esta coyuntura, aquellos formatos se perfilan ensimismados, inaccesibles. Es el universo digital el que nos permite conectarnos sónicamente y compartir con un amigo ese disco que caló hondo y urge discutir. Ese álbum que finalmente pudimos degustar a fondo, sin prisa, gracias al tiempo mudo que nos regala la soledad en cuarentena.

Así que aprovecharé las bondades del internet desde hoy y hasta que se nos abran las puertas, para socializar diariamente, a manera de bitácora, un LP que haya fungido como guía en estos momentos donde los humanos languidecen en silencio.

Es una selección diversa a partir de mis gustos musicales con la que buscaré trazar una curva de ritmos e intensidades –como las emociones que atravesarán esta jornada sin precedentes–. Es, lógicamente, una lista muy personal y es también una propuesta abierta para conocer sus álbumes compañía durante estos 19 días.

Empecemos.

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DÍA 9
Morgen
Artista: Morgen / Sello: Probe / Año: 1969

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“Did you know that a good man died?
"Oh how terrible", they say
But you know that's just a part of life
It kind of happens every day
No!”

‘Welcome to the Void’ - Morgen


No ha sido mi mejor día en lo que llevamos de cuarentena. Me levanté con la desesperanza exacerbada: quizá porque ayer miré más noticias de las que debía, o porque alguien cercano está pasando por un mal momento familiar, o quizá porque este es otro jueves en el que no podré salir de mi casa. No lo sé, puede que sea una mezcla de todo.

Es en estos momentos cuando acudo a álbumes sombríos cuya pesadumbre logra convertirse en buen puerto para desahogar las penas y, de a pocos, curarlas. Y un disco que ya lo ha hecho en ocasiones pasadas es Morgen: el único LP publicado por esta banda homónima nacida en Long Island, Nueva York.

Esta agrupación se formó a mediados de los sesenta cuando el cantante Steve Morgen, por recomendación de un amigo, se juntó con los virtuosos guitarristas Murray Shiffrin y Barry Stock, el bajista Bobby Rizzo y el excéntrico baterista Mike Ratti. Comenzaron haciendo covers de Los Rolling Stones y Youngbloods en un garaje, pero no pasó mucho tiempo antes de que crearan su propio material y dieran con las siete piezas que componen su primer y último álbum.

Por problemas internos con su mánager Stu Crane y por la eternidad que le tomó a la disquera sacar este trabajo, la moral de Morgen se debilitó y su espesa lisergia tuvo que ser condensada toda en un solo vinilo. Aunque lograron tener algo de acogida en ciudades grandes de Estados Unidos, el pasar del tiempo fue ocultando las virtudes de este disco, quedando ceñido a la memoria de coleccionistas empedernidos. Sin embargo, hace unos años este álbum tuvo una suerte de empujón gracias a que algún filántropo aprovechó las virtudes del internet y lo subió a YouTube, donde miles de internautas, como yo, pudimos conocer Morgen y alienarnos del mundo por 38 increíbles minutos. 

Uno de los grandes atractivos de este LP es su portada, tomada de “El grito”, obra del noruego Edvard Munch que, como cuenta en una entrevista Steve Morgen –de las pocas que hay con este personaje– era su pintor favorito y desde siempre supo que esa sería la portada del álbum. “El grito” retrata perfectamente el sonido de esta banda y, sobre todo, el desespero actual al ser testigos del cambio que está sufriendo la realidad como la conocíamos.

Los sietes cortes de Morgen son especiales, ninguno languidece ante los otros y funcionan como un gran antídoto para el agobio que nos amenaza durante estos días. Este álbum es un gran consejero, un hombro amigo imprescindible en un día como hoy.

 

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DÍA 8
On
Artista: Altin Gün / Sello: Bongo Joe / Records Año: 2018

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“Dentro del universo hay cosas que son conocidas y hay cosas que son desconocidas. En el medio de esas cosas hay puertas”. Con esta cita del poeta William Blake, Altin Gün introduce en su página de bandcamp su álbum debut On: un trabajo que, en efecto, me abrió la puerta a un universo desconocido donde habitan los intrigantes sonidos turcos de los años setenta.

Altin Gün –expresión turca que significa “Día de oro”– nació gracias a las redes sociales. Todo empezó cuando el bajista holandés Jasper Verhulst fue a tocar en Estambul y, durante los momentos de ocio, pudo sumergirse en la música turca de los setenta: una escena hipnótica llena de psicodelia y excentricismo. Se enamoró perdidamente de aquel folk alucinante y al volver a Amsterdam se juntó con el guitarrista Ben Rider y el baterista Nic Mauskovic para darle forma a un experimento que aún carecía de algo fundamental: herederos directos de una cultura que, hasta ese momento, les era ajena.

Hacia 2017 Verhulst subió una especie de clasificado en Facebook y fue así como dio con Merve Dasdemir (voz) y Erdinc Yildiz Ecevit (voz, teclados y saz), dos artistas turcos radicados en Holanda que le darían la base idiosincrática a una de las bandas más ensoñadoras que he conocido en los últimos años.

Altin Gün rescata joyas turcas de tiempos atrás que, aunque son conocidas dentro de su país, muchas de ellas no lograron cruzar las fronteras, privando a miles de personas, como yo, de un universo único. Hoy, sin embargo, esta banda ha logrado llevar el legado de Turquía a varios países gracias a un sonido moderno cargado de rock y funk, donde han puesto en alto artistas del siglo pasado como Selda Bağcan, Barış Manço, Erkin Koray y Neşet Ertaş, figuras transgresoras que en estas latitudes resultan invisibles.

Aquí una de las joyas a la que llegué gracias a esta agrupación:

De lo mejor que me pasó en 2018 fue haberme topado con Altin Gün. Entre tanta oferta musical, a veces resulta difícil dar con una banda nueva que detenga de un solo golpe todo lo que sucede a mi alrededor, y este sexteto lo logró en cuestión de segundos. Hoy, a la sombra de un día gris y tosco, escucharé una y otra vez este disco con el fin de cruzar nuevamente esa puerta hacia lo desconocido y detener, por unas horas, esta realidad confusa y agobiante. 

Espero que On tenga el mismo efecto mágico en quienes aún no lo conocen.

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DÍA 7
Historia natural
Artista: Los Pirañas / Sello: Glitterbeat / Records Año: 2019

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Una época sin precedentes como la que estamos viviendo, amerita una banda igual de atípica, a la que poco o nada se le asemeje. En el caso colombiano, una de esas bandas es Los Pirañas. Este tridente bogotano conformado por Pedro Ojeda (percusión), Mario Galeano (bajo) y Eblis Álvarez (guitarra y teclados), es el resultado de una amistad forjada desde el colegio y que por más de 20 años ha girado en torno al cuestionamiento –y la destrucción– del colonialismo musical que nos gobierna a los colombianos.

La primera semilla de lo que hoy son Los Pirañas germinó en 1999 bajo el nombre de Ensamble Polifónico Vallenato, proyecto creado por dos de sus integrantes mientras estudiaban música en la Universidad Javeriana. “(...) Con el tiempo nos dimos cuenta de que tiene que ver con esta dominación cultural de la cual siempre hemos sido objeto como sociedad con ese complejo tercermundista en el que todo lo de afuera es mejor”, cuenta Galeano en una entrevista al describir el espíritu detrás de ese primer grupo y todos los que vendrían luego.

Romperayo, Meridian Brothers, Frente Cumbiero, Chúpame el Dedo, Ondatrópica y Los Pirañas son todos nombres engendrados por estos tres músicos insaciables creadores del “tropicanibalismo” bogotano: movimiento musical que lleva los géneros propios de este país hasta las últimas instancias.

Historia natural es el tercer álbum de este supergrupo colombiano: su trabajo, hasta la fecha, más inteligible a primera escucha. En canciones como “Infame golpazo” o “Te regalo una licuadora”, se alían la cadencia de la cumbia y la percusión del afrobeat y la champeta con un ruido estridente, donde juntos delimitan una pista de baile sudorosa y convulsiva que resulta necesaria durante estos días de eterna quietud y pasividad.

Este LP plasma en sus 10 canciones el caos que hoy reina sobre nosotros, donde los humanos, como bien lo dice el último tema de este álbum, hemos sido “rechazados por el mundo” y su historia natural.

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DÍA 6
Silence Yourself
Artista: Savages / Sello: Matador / Records Año: 2013

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“Miming another boring day
I have better things to do
Now you're here I must get rid of you
‘Cause you have no face, you have no face” ‘

No Face’ - Savages

Hoy saldré a las calles de esta ciudad inhóspita para abastecer mi nevera. Una necesaria y muy breve excursión luego de llevar varios días sin comprar comida. Y como siempre, cada pequeña salida en cuarentena amerita algo de música. En esta ocasión el álbum que sonorizará esta suerte de expedición será el feroz Silence Yourself de Savages. Este disco –que sí o sí debe ser escuchado con audífonos– fue el debut de Jehnny Beth (voz), Gemma Thompson (guitarra), Ayse Hassan (bajo) y Fay Milton (batería), cuatro inglesas que en 2013 se comieron el mundo de un solo tajo.

Un año después de aquel lanzamiento, las Savages visitaron Bogotá durante la edición 2014 del Festival Estéreo Picnic y, pese a que compartieron cartel junto a nombres como Pixies, Red Hot Chilli Peppers y Nine Inch Nails, fueron de lo que más me impactó durante la jornada completa. Esta banda se alimenta de los albores del post-punk de finales de los setenta –sin caer en una simple imitación– y de los avances sónicos que ha traído el nuevo milenio. La voz y presencia de Jehnny Beth, forjada bajo la estela de Siouxsie Sioux e Ian Curtis, es un imán auditivo que se regodea entre el existencialismo, la oscuridad y la lujuria de manera elegante y sofisticada. Esto, sumado al poderío detrás del resto de la banda, hacen de Silence Yourself un álbum contundente, que no tiene compasión por nada ni nadie. 

 

Como bien lo dice el crítico musical The Needle Drop, “este LP suena como si el mundo estuviera en llamas”. Y sí, ahora más que nunca lo está. Es por eso que hoy, al tener que salir brevemente al supermercado, lo haré con este disco retumbando en mi mente, una pieza con once canciones ideales para silenciarme y recibir el fin del mundo con gracia, antes de tener que regresar nuevamente a mi casa.

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DÍA 5
Eghass Malan
Artista: Les Filles de Illighadad / Sello: Sahel Sounds / Año: 2017

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Me gustan los domingos en casa. La quietud es algo preciado durante mi último día de la semana, así lleve una larga jornada en un estado similar. Es por eso que el álbum de mi día 5 es una selección que trae paz y meditación, un trabajo que sale de las entrañas del Sahara y cuyo sonido cautiva desde el primer momento.

Esta historia nace en Illighadad, un pueblo desértico de Níger donde no hay electricidad ni agua potable, pero donde la música tradicional pesa. De allí brotó hace cuatro años la agrupación Les Filles de Illighadad, liderada por la guitarrista Fatou Seidi Ghali, una de las únicas mujeres Tuareg –pueblo bereber de tradición nómada del desierto del Sahara– en dominar este instrumento. Ghali cuenta que le robaba la guitarra a su hermano y se escabullía para enseñarse a sí misma a tocarla, pese a que estaba prácticamente prohibido que una mujer explorara este cuerpo de seis cuerdas.

Así tuviera a su gente en contra, esta artista no se dejó amedrentar y a mediados de la década pasada se juntó con Christopher Kirkley, creador del sello Sahel Sounds, para conformar una banda de mujeres. El propósito era claro: modernizar la música Tendé –sonido tradicional de su pueblo nombrado tras un instrumento de percusión fabricado con una membrana de piel de cabra que va sobre una caja llena de agua– y mostrarle al mundo que las mujeres Tuareg pueden recorrer el mundo con una guitarra al hombro.

Acá una sesión en vivo donde pueden ver el instrumento Tendé y lo hipnóticas que son estas mujeres: 

Este álbum es un remanso de texturas cálidas, donde cada una de las canciones son mantras para la sanación. Es un disco minimalista al que no le hace falta nada, donde la voz y arreglos de Fatou Seidi Ghali visitan los lugares más tranquilos de nuestra mente y se quedan allí, habitándolos. Eghass Malan recuerda, a cada paso, que el desierto del Sahara es ancestral e insondable.

La paz que buscaba hoy la encontré a miles de kilómetros de mi casa, en un pueblo diminuto cuyo nombre jamás había escuchado.

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DÍA 4
On te l’avait dit
Artista: Voilaaa / Sello: Favorite Recordings / Año: 2015

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Por la ventana de mi cuarto entra un sol apacible, digno de un sábado al mediodía. Resulta algo frustrante no poder caminarlo y tener que sentirlo a través de un cristal. Aun así, la luz da alientos, provee paciencia y, sobre todo, propicia el ambiente perfecto para bailar a solas el álbum debut de Voilaaa.

La mente detrás de este proyecto es Bruno “Patchworks” Hovart, un productor francés a quien le resulta imposible quedarse quieto: ha colaborado en agrupaciones como Mr. President, Mr. Day, Patchworks Galactic Project, Taggy Matcher y, mi favorito, The Dynamics. Eso sí, a su frenetismo musical lo atraviesa transversalmente su devoción por los sonidos africanos y caribeños, donde colindan reggae, dub y música disco.

Esta versión de “Whole Lotta Love” hecha por The Dynamics lo dice todo:

Actualmente Voilaaa es el espacio creativo más íntimo de Hovart, en el cual junto a cantantes cercanos como Pat Kalla, Sir Jean y Hawa engendró, en 2015, un álbum infeccioso que desde su apertura con “Spies Are Watching Me” obliga al movimiento, a la cadencia. A lo largo de sus diez canciones, On te l’avait dit evoca al disco africano vieja escuela donde resuenan, por ejemplo, el artista ghanés Kiki Gyan o el camerunés Pasteur Lappe. Este LP, sin embargo, logra un sonido fresco en el que bajo y vientos son sus rotundos protagonistas.

Con canciones como “Le disco des capitales” u “On te l’avait dit” –el sencillo que le da nombre al álbum– la cuarentena es más llevadera. Apenas termine de escribir este texto, aprovecharé su alegre groove para cocinar y tomarme una michelada –por no decir varias–, mientras espero a que el sol que golpea mi ventana se diluya a la par con este nuevo día de confinamiento.

Link álbum:

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DÍA 3
Black Sugar
Artista: Black Sugar  / Sello: Sono / Radio Año: 1971

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En 1970, Perú dio a luz una banda explosiva, una orquesta que combinaría jazz, rock, chicha y soul para dar con un latin funk infalible en la pista de baile. Se hicieron llamar Black Sugar y durante aquella década, fueron pieza clave de las noches limeñas.

Todo comenzó cuando Carlos “Pacho” Mejía se subió a cantar de imprevisto con Los Far-Fen, una banda conformada por Víctor “Coco” Salazar en la guitarra y Miguel “Chino” Figueroa en los teclados. Al escuchar aquella voz, Salazar palpó el futuro y le propuso a Pacho ser el vocalista de lo que más adelante serían los Black Sugar.

No tardaron mucho en ser apadrinados por Jaime Delgado Aparicio, un importante músico peruano, quien por esa época era el gerente de la casa disquera Sono Radio. Bajo su guía, Black Sugar dejó de amenizar fiestas y pasó a grabar su propio material. Un año más tarde, en 1971, el álbum Black Sugar estaría revolcando las calles del país, como antesala del que sería su segundo y último disco bautizado Black Sugar II: testigo del punto más álgido y experimental de esta banda. Debido a problemas internos y los toques de queda impuestos por el régimen militar de Francisco Morales Bermúdez, se fueron quedando sin ánimos y conciertos, y hacia 1978 se difuminaron, dejando a su paso dos trabajos discográficos sabrosísimos.

Pese a que todo parecía haber acabado, Black Sugar resucitó de la cenizas y en 2010 se volvieron a juntar algunos de sus miembros originales, manteniendo un sonido impecable o, como bien lo dice Pacho Mejía al final de esta sesión en vivo, “Bárbaro”.

Hoy no dejaré que la cuarentena amedrente mi viernes y me sentaré con ron en mano a sentir el LP debut de Black Sugar, una pieza que sobrepasa las influencias de Santana, Chicago y Tower of Power, para crear un sonido latino y gozador. Aquí se toparán con manjares psicodélicos  como “Viajecito” –un prototipo de la chicha peruana–  y boogaloos asesinos como “Too Late” donde el blanco, más que la mente, es el cuerpo, los pies. Esta noche me imagino desbordado en una fiesta limeña durante los setenta. Bienvenidos.

En Spotify unieron los dos álbumes de Black Sugar en una sola pieza: 

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DÍA 2
Ahomale
Artista: Combo Chimbita / Sello: ANTI-Records / Año: 2019

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“Hoy amanezco cuestionando una verdad
¿Y qué puedo hacer para cambiar la realidad?
Cuando me encuentro de frente a la soledad
Yo siento miedo, no lo puedo evitar”

‘Al Templo’ - Combo Chimbita

Combo Chimbita reúne a cuatro colombianos que, como muchos, han hecho su carrera musical fuera del país. Hace seis años se juntaron en Nueva York durante unas sesiones de improvisación organizadas por Niño Lento (guitarra), Prince of Queens (bajo y teclados) y Dilemastronauta (batería) en un bar de Brooklyn. En alguno de esos jams Carolina Oliveros se subió al escenario y, con su voz, logró abrir un portal hacia un universo desconocido donde hoy coexisten de manera natural ancestralidad y futurismo, fantasía y realismo.

Ahomale –palabra Yoruba que significa “adorador de los ancestros”– es un álbum conceptual que narra la historia de una guerrera con el poder de reunir el saber de sus antepasados, pero que cuestiona constantemente su destino. En palabras de Carolina Oliveros, “es una guerrera, no de escudo ni de espada, sino una mujer que está lista para escuchar su corazón, de seguir su intuición y de conectarse con sus ancestros”.

Es bajo esta premisa que la estremecedora voz de Oliveros –barranquillera a quien el rótulo de cantora se le ajusta más– nos conduce por paisajes hermosos y desoladores. Con canciones como “Ahomale” y “Al templo”, este cuarteto da con ritmos colombianos que cambian súbitamente y se embellecen con brotes agresivos de rock progresivo. O en el caso de “Revelación (Candela)” que se adentran sin pudor en una especie de dub supremamente oscuro que empata perfectamente con la cumbia rebajada del tema “Santo fuerte”. Este álbum es único en su especie: espero que Combo Chimbita se pegue la rodadita por acá tan pronto configuremos la nueva realidad mundial.

Hoy me levanté sintiéndome como la guerrera Ahomale: con algo de miedo al encontrarme de frente con la soledad. Menos mal cuento con este álbum para convertirla en mi confidente.

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DÍA 1
Mandré
Artista: Mandré / Sello: Motown Records / Año: 1977

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Salvo por un par de momentos, la mente permanece estable, serena. Entre el trabajo, el ocio y el aseo de la casa, los días no parecen pesar tanto. Sobre todo cuando el ocio te arroja ofrendas como esta: el primer álbum de Mandré, publicado en 1977 bajo el mítico sello estadounidense Motown Records.

Durante los inicios del aislamiento he podido sumergirme de lleno en La historia secreta del Disco, un libro que narra la importancia de este género musical como la pista de baile que integró, durante los años setenta, distintas minorías y diversidad sexual. Uno de sus capítulos describe en detalle a The Loft, una discoteca fundamental durante el apogeo de este ritmo en Nueva York, creada por el audiófilo David Mancuso. Allí sonaban los álbumes más pausados, más sedativos: esos que, como narra el libro, eran perfectos para escuchar en casa. En The Loft, sin embargo, las texturas suaves eran las obligadas. Su séquito buscaba llorar, viajar y bailar con su selección musical: el escenario ideal para hurgar los surcos del álbum debut de Michael Andre Lewis, más conocido como Mandré.

Luego de tocar en la banda de Frank Zappa, firmó con Motown Records, donde adquirió una estética interplanetaria con un casco plateado que fácilmente pudo servir de inspiración para los franceses de Daft Punk. Ese casco futurista fue diseñado por Bill Whitten, el mismo personaje que más adelante crearía el guante blanco de Michael Jackson. En Motown publicó tres trabajos que no tuvieron acogida comercial y en 1982 lanzó un cuarto álbum bajo su propio sello “Future Groove”, pero un accidente despareció las pocas copias prensadas. Hasta ahí llegó Mandré: no sin antes aportar una trilogía de álbumes profundamente auténticos perfectos para navegar durante la cuarentena.

Su álbum debut en Motown llevó su mismo nombre y desafió lo que comúnmente conocemos como música disco. Invita al baile, por supuesto, pero de una manera sutil y casi imperceptible. Su dejo soul entra en perfecta armonía con los sintetizadores alienígenas que acompañan piezas clave como “Solar Flight (Opus I)”, logrando lo que hoy parece imposible: que tu mente atraviese las paredes y, en efecto, llegue hasta el sol.

Esta noche me tomo un par de rones con Mandré para convertir, a dúo, mi casa en The Loft.

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