POR: Astrid Harders ILUSTRACIÓN: Carlos Higuera Viernes, 15 Noviembre 2013

Hay días en los que uno mismo no se soporta.

Otros, se siente el rey del mundo. Estas canciones lo acompañarán en las buenas y en las malas.

Es la verdad: todos tenemos días malucos. El lunes, tras sentir que el fin de semana pasó en 3 minutos, admitimos que tal vez nos excedimos con el domicilio de pizza grasienta del domingo; el martes pensamos que en realidad este trabajo no es el que nos mueve la aguja; el miércoles vemos las entradas de la frente especialmente profundas; el jueves tratamos de tapar un doloroso granito que nos salió en la barbilla (posible consecuencia de la pizza del domingo); el viernes confrontamos nuestra inseguridad a la hora de hablarle al sexo opuesto (o al mismo sexo) en un bar; el sábado, en medio de la resaca, decidimos que hicimos el absoluto ridículo anoche y que nos volvemos unos imbéciles arrogantes con tragos; y el domingo… bueno, el domingo pedimos un domicilio de pizza extralarge y empieza otra semana con defectos parecidos.

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Pero esas son las personas que somos, que igual se levantan y usan seda dental, que lloran con películas, que cantan a grito herido, que ceden el puesto en Transmilenio, que saludan en los ascensores, que se gastan la plata en regalos y que hacen un esfuerzo por cuidar a sus amigos. De hecho, hay días en los que somos destacables, días en los que se nos ocurre un excelente nombre para una banda imaginaria que jamás tendremos, días en los que, sin explicación alguna, nos coquetea el novio de la niña esa flaca que siempre está bonita, días en los que el jefe nos dice que tenemos futuro y días en los que nos gusta la piel que tenemos puesta, el cuerpo en el que habitamos y el cerebro que funciona en la parte de arriba.

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Para todos esos momentos hay canciones, bandas sonoras que ambientan nuestras pequeñas tragedias íntimas, nuestros triunfos urbanos y nuestras escenitas e idiosincrasias. El universo musical ofrece infinidad de opciones para aprender a lidiar con uno mismo, ya sea cuando uno se ve lleno de errores o cuando uno se encariña con la versión imperfecta pero única que ve en el espejo. A continuación, un abanico sonoro que promete complacer gustos diversos, hasta opuestos; unaplaylist que aplaude las personas que somos, así a veces seamos la embarrada.

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