POR: Gloria Susana Esquivel ILUSTRACIÓN: Cristian Escobar Miércoles, 17 Agosto 2016

Este es un manual indispensable para la escritura certera de misivas románticas. 

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I. El Tao de la correspondencia: Todas las cartas son de amor.

(Aun las cartas que se escriben como queja al servicio al cliente de una compañía de alimentos para protestar por que un paquete de papas no pesaba 25 gramos sino 23.5, peso neto. Aun las cartas que se le escriben a una empresa transcontinental de mudanzas que está próxima a pasar por cuatro cajas de libros para que sean enviadas por barco de una ciudad a otra. Las cartas que cobran deudas de hace cinco meses. Las cartas que contienen contratos laborales que benefician solamente a una de las partes. Las cartas preguntando por las propiedades mágicas de la vitamina B. Las cartas que describen las costumbres de los elefantes asiáticos: todas son filosas, complicadas y sensibles cartas de amor). 

II. Hipótesis: Todo lo que es amor queda por fuera de las cartas de amor. Todo lo que es amor queda por fuera del lenguaje.

Demonstración: Luminoso, ágil, fuerte como las patas de un rinoceronte que jamás ha de extinguirse, el amor sabe tenderse lejos de las palabras para no ser molestado por ellas. Las palabras lo bordean, intentan tocarlo, pero al final ellas son del aire y van al aire (no son del amor, como bien lo sabía Willie Colón).

Corolario: Todas las cartas de amor se refieren a la acepción número ocho que registra la RAE de esta palabra: amor. (Del lat. amor, -ōris). 8. m. p. us. Apetito sexual de los animales. Las cartas de amor siempre vuelven sobre esto una y otra vez como una serpiente que sólo es capaz de alimentarse de su propia cola.

III. Primera ley de Florentino Ariza o Ley del receptor: Las cartas de amor son escritas para nadie, pero alguien siempre recibe una carta de amor. 

Ejemplos: Pessoa le escribía a Ofelia: Por cierto, aunque te escribo, no estoy pensando en ti. Estoy pensando en lo mucho que extraño los días en los que solía cazar palomas, que es algo que no tiene nada que ver contigo. Kafka a Milena: El día es tan corto. Transcurre y termina con usted y fuera de usted sólo hay unas pocas nimiedades. Apenas me queda un rato para escribirle a la verdadera Milena, porque la Milena más verdadera aún ha estado aquí todo el día, en la habitación, en el balcón, en las nubes. Anais a Henry: Soy la mujer que nunca tendrás… el vivir excesivo hace que la imaginación se torne pesada: no viviremos, sólo escribiremos y hablaremos de hinchar las velas.

Ofelia. Milena. Henry. Diferentes nombres para referirse a lo mismo. Todos y ninguno al tiempo. Por eso resulta fácil y lucrativo hacer un negocio escribiendo cartas de amor.

Para no olvidar: Este fue el oficio que salvó a Reinaldo Arenas de la locura cuando estuvo en la cárcel.

IV. Sobre los encabezados:

En el momento de escribir cartas de amor es fundamental poner la fecha, pues esta funcionará como una marca temporal que luego podrá ayudar a volver sobre el recuerdo. Esto puede hacerse siguiendo el tradicional formato día/mes/año. Dependiendo de la intensidad del afecto y de la intención de la carta, también puede fecharse registrando los días de ausencia del amado (noventa y ocho días), las jornadas en vela que se ha pasado pensando en él (veintitrés despegues de naves del programa espacial gringo) o el número de veces que sonó en loop la canción que recordaba al objeto del afecto (cuarenta y cinco repeticiones de “For Sentimental Reasons” de Ella Fitzgerald).

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V. Sobre el contenido:

Siempre se vuelve sobre los mismos tropos en las cartas de amor. Sin embargo, jamás se ha visto una carta de amor que replique exactamente a otra. Las cartas de amor tampoco se replican a ellas mismas. El amado lee la carta que le escribió su amante y encuentra sutilezas, matices, pausas que lo hacen arder un pequeño incendio en el pecho. La relee y el incendio se apaga, pues las palabras y los guiños dejan de iluminarse con el fulgor de la primera lectura. Justo cuando el amado está dispuesto a morir un poco y olvidar el primer incendio, vuelve sobre la carta para que sean otras las palabras que combustionen su deseo. 

Sugerencias:

1. Al estar el amor lejos de las palabras, las palabras se contorsionan libres intentando alcanzarlo. A la hora de escribir cartas de amor lo mejor es descreer en la gramática, conjugar los adjetivos y hacer de los adjetivos verbos. Desmesurar el lenguaje, así como el amante rojamente lenguaría nuestra espera. 

2. Para escribir sobre sexo, está mucho mejor transcribir poemas de Gómez Jattin. Copie: “Si quisieras oír lo que me digo en la almohada / el rubor de tu rostro sería la recompensa / son palabras tan íntimas como mi propia carne / que padece el dolor de tu implacable recuerdo”. Y continúe: “Te cuento ¿sí? ¿No te vengarás un día? Me digo: / Besaría esa boca lentamente hasta volverla roja / Y en tu sexo el milagro de una mano que baja / en el momento más inesperado y como por azar / lo toca con ese fervor que inspira lo sagrado” . Y termine: “No soy malvado Trato de enamorarte / Intento ser sincero con lo enfermo que estoy / y entrar en el maleficio de tu cuerpo / como un río que tema al mar pero que siempre muere en él”.

3. Lo mejor es alojar al amado en una parte del cuerpo e intentar que la carta llegue a ese lugar, o hacerse un lugar dentro del cuerpo del amado y desde ahí escribir la carta de amor. Frida Kahlo se hizo un refugio dento del hueco de las axilas de Diego Rivera para desde ahí tocar su sangre.

4.Un aforismo sincero puede valer más que pliegos y pliegos de oraciones que no van al grano. Escribió Vita Sackville West una única frase a la Señora Woolf: “…me he reducido a ser una cosa que desea a Virginia”.

VI

Algo más imposible que las cartas de amor: las cartas de desamor. Se contaminan de amargura y de frases desechables que se enredan y jamás encuentran su lugar. Están hechas a partir de la vergüenza, la cual corroe los contornos de las palabras y las condena a ser estructuras pesadas de cobre que deben arrastrarse cuesta arriba y cuesta abajo por años y años hasta que las manos se revientan. Un buen bolero es una mejor carta de desamor. Además, no habrá manifiesto más acertado de un corazón roto que una canción de La Lupe.

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