POR: Señal Radiónica ILUSTRACIÓN: Marcello Castellani Jueves, 27 Octubre 2016

 

“The first rule of the…”. Si usted sabe cómo termina esta frase, sabe exactamente de qué vamos a hablar.

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Si no, podría buscarla en Google y descubrir todo un universo de memes con Brad Pitt, o simplemente podría seguir leyendo este artículo. Fight Club, la novela de culto de Chuck Palahniuk, está cumpliendo veinte años y la película de David Fincher, 17. Y han sobrevivido a su envejecimiento. ¿Cómo lograron eso? Veamos.

El club de la pelea tuvo, entre muchas otras cosas, un gran timing. Los noventa, a nivel cinematográfico, fueron una década de muchos quiebres en todos lados del mundo y Hollywood no fue la excepción.

Después de los ochenta –que culturalmente no cuestionaron mucho a la sociedad de Reagan–, los noventa –de la mano de autores que ya venían trabajando, como Brett Easton Ellis, y con fenómenos musicales como Nirvana, Nine Inch Nails o Radiohead– fue la década que decidió volver a decir cosas a todo nivel. Tarantino, Danny Boyle, Joel e Ethan Coen, entre otros, se centraron en temas como la violencia, las drogas y el inconformismo. No solo en las historias sino también en la forma en que estas eran presentadas.

La estética de los noventa era fuerte, directa y cruda pero no por eso básica. Existía toda una manera de mostrar un mundo que estaba lejos de ser perfecto y que hizo clic con la camada tardía de la generación X.

Volviendo a la literatura, un desconocido escritor llamado Chuck Palahniuk publicó un provocativo libro llamado Fight Club, que no fue un fracaso pero tampoco un éxito. Sin embargo, a Hollywood le interesó la historia y decidió contratar a David Fincher, otro de los directores icónicos de la década, salido del videoclip, que había logrado mostrar este tono oscuro noventero en la recordada Seven.

Es importante recordar que El club de la pelea no fue un éxito de taquilla, que Fincher y el estudio productor tuvieron muchas desavenencias y que la cinta tampoco fue muy bien recibida por la crítica. No obstante, vista desde lejos, es una de las películas más influyentes de la década y tal vez la que mejor retrata el espíritu del momento en la juventud norteamericana.

Se trata de un trabajador que sufre insomnio y va a terapias que incluyen llorar junto a un hombre con senos y que, entre casualidades, conoce a Tyler Durden, un simpático vendedor de jabones que termina siendo una especie de sociópata contracultural. El resto de la historia ustedes la conocen; si no, es mejor no contarla acá. Véanla o léanla.

Miedos, problemas psiquiátricos de toda índole, desesperanza, hágalo usted mismo, cyberpunk… todo con una estética vanguardista, una banda sonora increíble (que hizo que muchísima gente conociera a los Dust Brothers y a los Pixies) y actuaciones perfectas, hicieron que sigamos hablando de ella casi veinte años después.

Y es que hoy la podemos ver en todos lados: desde el ejemplo más claro –la serie Mr. Robot– hasta las pequeñas influencias en la publicidad y el cine (independiente y mainstream) de los efectos visuales –el clásico catálogo Ikea, por ejemplo– y, sobre todo, en la forma de contar historias (con héroes, antihéroes, flashbacks y giros narrativos que se han repetido hasta el cansancio en las últimas dos décadas, tanto en el cine como en la literatura). El club de la pelea cerró los noventa y, al mismo tiempo, abrió el nuevo milenio.

Si usted vio la película en su adolescencia (cuando se estrenó o después, la película sigue funcionando en jóvenes de nuevas generaciones), vale la pena volvérsela a ver con menos frenesí y descubrir cosas nuevas. No es gratis que 17 años después estemos hablando de ella. Y eso no es poca cosa en una sociedad donde incluso a los clásicos del cine les cuesta mantenerse vigentes en la cultura popular.

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Por: Manuel Carreño

 

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