POR: Eduardo Arias FOTOGRAFÍA: Andrés Cardona Miércoles, 06 Noviembre 2013

¿En qué momento el mundo decidió borrar a noviembre del calendario? Crónica de una injusticia.

Nací el 3 de noviembre de 1958 y, hasta muy entrados los años noventa, el undécimo mes del año aún mantenía intacta su recia personalidad. En Bogotá, noviembre suele ser un mes de aguaceros interminables, de semanas enteras sin sol. Charcos, prados y potreros transformados en barrizales y humedales en los que prosperan los renacuajos y los cucarrones. Un mes frío, duro, adusto, un mes esforzado, estoico.

Hará unos 30, 40 años, cuando la Navidad aún no se había convertido en la insoportable plaga que es hoy en día. Noviembre era un territorio desde el cual se empezaba a intuir el aún lejano advenimiento del Mesías, festividad que comenzaba por allá el 16 de diciembre, el día de la primera novena de aguinaldos, cuando se desempolvaban las maracas y las panderetas y comenzaban las apuestas del sí y el no, hablar y no contestar y pajita en boca. Si la Navidad era la luz de un nuevo despertar, noviembre era el mes más oscuro del año por aquello de que “nunca es más oscura la noche que antes del amanecer”.

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Noviembre era, junto con Semana Santa, el momento menos navideño del año. Baste recordar que, en aquellos ya remotos tiempos, el 7 de diciembre, día de las velitas, era apenas un leve preludio al espíritu navideño. Pero en esa semana larga que separaba el día de la Inmaculada Concepción y las novenas de aguinaldo, poco o nada se hablaba de Navidad.

Y mucho menos en noviembre.

Todo lo contrario. En noviembre había que estudiar. Las vacaciones estaban muy lejos, y más para los que estábamos en planteles educativos de calendario B. Para los de calendario A, noviembre era el mes de los temidos exámenes finales.

Los dos días festivos de noviembre tenían también personalidad y fuerza. El día de Todos los Santos, que se celebraba el 1 de noviembre, y la Independencia de Cartagena, el 11. Antes de la Ley Emiliani, esos dos festivos garantizaban que el Halloween (de reciente importación a Colombia en los años sesenta) se celebraba única y exclusivamente en la tarde-noche del 31 de octubre. Y que Colombia tenía nueva soberana de la belleza en la medianoche del 11.

La primera alerta temprana de que las cosas iban para mal la dio una emisora de música tropical que se inventó el anuncio (gritado) “¡La música de diciembre en noviembre, en Radio Santa Fe!”. Luego, en 1984, con la llegada de la Ley Emiliani –la que corrió casi todos los festivos al siguiente lunes– comenzó la primera distorsión novembrina. ¿En qué día se celebra Halloween? Ya no se sabe muy bien si el propio 31 o si cualquiera de los días del fin de semana previo al lunes festivo, que puede caer un 3, un 4, un 6 de noviembre.

La Ley Emiliani es contemporánea del auge de los centros comerciales. Y con ellos llegaron los espectáculos pirotécnicos de Navidad. Pero también la necesidad de los comerciantes de comenzar a vender lo más temprano posible. Porque si algo caracteriza el llamado “espíritu navideño” es poner a toda la gente a comprar el máximo posible de regalos que no quiere dar.

Pero no es sólo eso. Las autoridades municipales instalan adornos luminosos y gigantescos árboles navideños desde finales de octubre. Seguramente por cuestiones de contratitos. En fin, esas cosas relacionadas con la transparencia, que llaman. Así, hay una época del año que abarca un par de días de noviembre, en la que se mezclan el naranja de las calabazas con el rojo y el verde de la Navidad anglosajona, la del árbol con cintas.

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Por esa razón, noviembre se ha degradado. Es un mes que juega el patético papel de mayordomo de diciembre. La neura, el frío y los aguaceros son más o menos los mismos de antaño, pero con adornos navideños en todas las malditas vitrinas de la ciudad. En las emisoras de radio comienzan a martillar los insufribles jingles de año nuevo y Navidad desde finales de octubre. En noviembre también toca lidiar con Santa Claus is coming to town, Rudolph the red nose reindeer, White Christmas… porque, de la misma manera en que la Navidad se ha expandido hacia noviembre y octubre –casi tan salvaje y cruel como los ejércitos de Hitler que invadieron a la Unión Soviética–, las modas extranjeras se han apoderado de Colombia en estos meses. No sólo es el Oktoberfest. Al arribismo cachaco también le ha dado por celebrar el Día de Acción de Gracias, que por desgracia también cae en noviembre. 

¡Qué desgracia! ¡Qué tragedia! Los que nacimos en noviembre nos quedamos sin mes. Y si a eso se agrega que en 2006 la Unión Astronómica Internacional le quitó el estatus de planeta a Plutón y lo degradó a la categoría de “planeta enano”, los nacidos bajo el signo de Escorpión nos quedamos no solamente sin nuestro mes de rayos y centellas sino que vivimos sin planeta regente.

Al menos sobrevive el consuelo de que la mejor canción de Guns N’ Roses esNovember rain.

Algo es algo.

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