POR: Bacánika FOTOGRAFÍA: Juan Pablo Cadavid Jueves, 24 Abril 2014

Samper-vineHay una mezcla siempre atractiva: inteligencia y buen humor. Y esa combinación, siempre presente en los textos de Daniel Samper Ospina, lo han convertido en el columnista más leído de Semana a través de la red y en uno de los colombianos más seguidos en Twitter.

Temido, irreverente y en ocasiones desalmado con la fauna que habita la sociedad colombiana, el director de revista Soho acaba de publicar El club de los lagartos, que no es una historia del tradicional centro social y deportivo del estrato seis bogotano, sino una divertida radiografía de los personajes que habitan las páginas sociales de los periódicos…y de lo que hacen para llegar a ellas.

¿Cómo surgió este libro?

Es una antología de algunas columnas que incluyen trabajos que hice para la revista Jet set y para Semana. Es una recopilación de esos seis años de trabajo, cuatro en Jet set, dos en Semana.

¿Qué se necesita para ser socio de este club de los lagartos del que usted habla?

Si uno es colombiano y político, y suele salir en las páginas sociales, es posible que sea aceptado en ese club cuyo presidente es Roy Barreras aunque ahora, con Rodrigo Rivera de ministro, puede ser desbancado. Mucha atención a lo que suceda.

Alguien dijo, hace medio siglo, que Colombia era un país de poetas. ¿Es, ahora, un país de lagartos?

Es un país de lagartos, pero también de sapos y de lobos. Es una fauna muy bonita.

¿Quiénes son sus lagartos favoritos, es decir aquellos a los que más le gusta recordarles su condición?

Hay varios, pero creo que Roy es un maestro.

¿Cuál es el oficio que aporta más lagartos a nuestra fauna social?

La política, sin duda. Y sapos también: ¿qué tal la sapa de Lucero Cortés llevándole tuna al Presidente Uribe y llorando a moco tendido porque no deformaron aun más la Constitución para que él se quedara?

¿Qué le han dicho de su columna los lagartos que la padecen?

No sé sus reacciones, la verdad.

Usted dijo alguna vez que su columna es una especie de caricatura escrita. ¿Cómo es eso?

Sí, creo que es eso, una caricatura escrita. Es imposible leerla como un texto de análisis solemne. Acudo a la exageración, a la deformación, a la ambientación tal y como lo hace un caricaturista.

¿Alguna vez lo han censurado?

Nunca, jamás.

¿Lo han amenazado?

Tampoco.

Usted es, actualmente, uno de los columnistas más leídos del país. ¿Cómo hace para mantener el nivel?

Primero que todo, gracias. Ojalá merezca el elogio. La verdad es que una columna se va desarrollando, se va decantando, y es clave que el columnista vaya teniéndose confianza. Es un proceso. Y estoy metido en él y cada vez me siento más cómodo.

¿Cómo le va con las nuevas tecnologías, Twitter por ejemplo, en donde usted es uno de los más seguidos?

Estoy aprendiendo a manejarlo apenas. Digo aun muchas barbaridades sin filtro. Pero a grandes rasgos creo que ahí hay de todo: circula muy buena información, circulan ideas muy buenas, pero también, por momentos, parece una cloaca, la puerta de un baño público lleno de mensajes insultantes y anónimos.

¿A quiénes sigue usted en Twitter?

A varios colegas periodistas, a varios medios, a algunos amigos personales y en un momento dado a La tigresa de oriente, que era muy chistosa.

¿Cuáles son sus columnistas de cabecera?

No me pierdo los dominicales de El Espectador y de El Tiempo; no me pierdo a Hommes ni a Ricardo Silva; me gusta Nicolás Morales de Arcadia, Cecilia Orozco en El Espectador. Leo a mis colegas de Semana, a María Jimena no me la pierdo, y creo que Coronell y Caballero, cada en su estilo, son verdaderos maestros del género.

¿Es más fácil ser columnista desde la oposición?

No. Es más fácil ser columnista en defensa del régimen y ganarse una embajada en Europa, como Plinio. El periodismo debe fiscalizar al poder. Es su naturaleza. Y por eso hay que ir a contrapelo del poder. En mi caso, debo burlarme de los poderosos. Creo que ese es mi rol.

En periodismo, ¿qué es lo más valioso que le ha aprendido a su padre?

La independencia y la creencia de que el humor se opone a la solemnidad pero no a la seriedad.

Soho impuso una nueva manera de hacer periodismo. ¿Qué planes tiene para la revista?

Creo que muchos. Todavía hay que hacer mucho periodismo narrativo, muchas firmas por convocar y muchas mujeres por desnudar.

¿Qué les recomienda a los jóvenes que estudian periodismo?

Que no lo hagan. Que estudien historia o literatura. El periodismo es una carrera de posgrado, no de pregrado. Es un cómo. Pero hay que tener un qué para que ese cómo no sea liviano.

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