POR: Andrés Burgos ILUSTRACIÓN: Álvaro Cardozo Lunes, 20 Octubre 2014

Quisiéramos que esta comedia jamás se acabara; sin embargo, nos imaginamos su final.

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Hace poco se oficializó que The big bang theory tendrá tres temporadas más. Lo normal sería que hasta entonces no existieran cambios muy radicales en el universo del programa. La comedia es uno de los géneros que menos se ciñe a las evoluciones de tiempo, espacio y transformación de los personajes. Sin embargo, esta sitcom, innovadora en tantos otros aspectos, lo será también en los giros que tome hacia el final.

Se comenta que en el cierre de la historia el destino de los personajes sufre un vuelco que los acerca al drama. La vida adulta ya estabilizada en velocidad crucero los confrontará con la realidad. Incluso se ha filtrado que el choque será más fuerte de lo normal, como podrá adivinarlo cualquiera que tenga amigos que estén abandonando la juventud embarcados en doctorados o en el oficio de la actuación.

Penny ahora es una mujer casada a quien los brazos continúan torneándosele deliciosamente rubicundos. La empiezan a llamar para que haga papeles pequeños de mamá de adolescentes con pinta anoréxica y mirada apática. Los acepta a regañadientes porque el trabajo está escaso. En uno de ellos oye por casualidad cuando uno de los asistentes de producción se refiere a ella como “esa señora”. Cae en la depresión. Y eso que aún la balanza del baño no le ha escupido en su cara la horrible realidad: ahora pesa lo mismo, quizá más, que su esposo. Leonard ha perdido kilos paulatinamente ayudado por su acumulación progresiva de achaques. Ahora, a su intolerancia a la lactosa ha sumado una alergia a la palabra “gluten”, mas no al gluten en sí, porque a estas alturas Sheldon habrá demostrado científicamente que el gluten no existe: un logro que le representa el premio Nobel.

Lo cierto es que Leonard culpa de la disminución de sus encuentros sexuales a la frustración que le produce a Penny su nuevo rango actoral. Una hipótesis que luego corregirá cuando se entere de que simplemente el matrimonio es así y que nunca volverá a tener sexo como antes.

Pero por lo menos ellos continúan juntos. Otra historia cuenta Howard, quien no ha vuelto a poner un pie dentro de la casa de su madre. No es que esté peleado con ella sino que la señora ha engordado tanto que ya no queda espacio dentro para que quepa nadie más. Howard se ve obligado a hablarle desde el jardín exterior en unas visitas que han adquirido un aire de picnic y han aumentado la frecuencia desde su divorcio.

Divorcio, sí. Resulta que Bernadette, con la sabiduría que da la madurez, se dio cuenta de que era la mujer más sexy de la serie. No tenía por qué soportarse a un hombre con un complejo de Edipo tan fuerte que ya más que judío parecía paisa. Abandonó a Howard, según las malas lenguas para irse con un adonis afroamericano, y le dejó los papeles a firmar con su abogado. El incondicional Raj, que perdió su herencia por negarse a contraer matrimonio con una bebé recién nacida que sus padres habían escogido para él, se consolida –una vez más– como el leal escudero del ahora judío divorciado menos cotizado de la Costa Oeste.

Y entretanto, Sheldon y Amy, como si nada. A Sheldon no se le ha subido el premio Nobel a la cabeza porque para él ha sido un suceso completamente normal que simplemente iba tener lugar tarde o temprano. Amy, por su parte, anda dedicada a tocar el arpa como terapia para su lesión. De tanto trepanar monos para sus investigaciones ha desarrollado problemas en el túnel carpiano. Es decir, pura vida doméstica para ambos. ¿A qué se debe su tranquilidad en medio de la turbulencia que los rodea? ¿Es porque son raros entre los raros? En parte sí. Pero también está claro que su tranquilidad mucho tiene que ver con el proyecto secreto de Sheldon, una obsesión que solamente ha compartido con su novia y que brindará nuevos horizontes para ellos y sus amigos.

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Después de años de trabajo, Sheldon ha conseguido lo que nunca nadie pensó posible: arreglar el ascensor del edificio. Y ha ido mucho más allá en su perfeccionismo. El elevador ha quedado convertido también en un teletransportador al mejor estilo de aquellos que en Star Trek sacaban de apuros a la tripulación del Entreprise. Un pequeño paso para el único físico teórico que conocemos la mayoría de seres humanos pero un gran salto para el casting de una comedia mítica.

El teletranspoelevador llevará al grupo de amigos a un universo paralelo donde Koothrappali y Wolowitz contraerán nupcias sin señalamientos prejuiciosos, Penny protagonizará una telenovela extendida hasta el infinito, Sheldon y Amy copularán sin miramientos ni mesura porque ya es justo con ella y Leonard podrá dedicarse a cultivar sus manías y a disfrutar de una vida aburrida, como bien lo merece al consagrarse como hombre adulto. Como bien lo merecen todos. No se sabrá más de ellos, pues ya hicieron suficiente por nosotros.

Nadie se acuerda de avisarle a Stuart.

 

 

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Humor Televisión

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