POR: Bacánika Lunes, 26 Septiembre 2016

 

Cada día, millones de imágenes se suben a Internet. Muchos creativos han decidido abandonar sus carreras y dedicarse a la fotografía. Para todos los que quieren entender un poco más sobre la luz y cómo dibujar con ella, estos son los cinco principios básicos de la fotografía sin necesidad de una cámara costosa:

La regla de los tercios

tercios

Es una de las normas de composición más usadas, incluso en la pintura y el cine, pero no es inquebrantable. Sirve para saber cómo hacer que el encuadre de nuestra toma sea más balanceado y que lo que queramos resaltar se encuentre en un punto fuerte. Su cara no suele contar como encuadre, a menos que quiera que su nariz, su ojo o su ceja recién depilada sea el foco atención.

Muchas cámaras, incluso de teléfonos celulares, tienen la opción de dividir la pantalla de acuerdo a esta ley. Si no encuentra esa ayuda, solo tiene que dividir mentalmente su encuadre en nueve partes iguales (mediante dos líneas paralelas horizontales y otras dos verticales) formando una cuadrícula. En ella habrá cuatro lugares en los que las líneas coincidirán: esos son los “puntos fuertes” de la imagen.

Un consejo es evitar que el horizonte (en el caso de un paisaje, por ejemplo) se ubique en la mitad exacta del encuadre; si lo hace, no estará cometiendo un pecado mortal pero piense qué está sucediendo en cada mitad del encuadre –muchas veces se le va con un cielo gris, que no dice nada, una mitad que podría aprovechar para llenar con elementos más importantes para la composición–.

La regla de los tercios hará que el peso visual sea equilibrado y toda la imagen sea más ordenada.

Sensibilidad (ISO/ASA)

iso

Este factor indica qué tan sensible es la película a la luz. Claro, las cámaras digitales ya no usan película pero los sensores siguen calculando su capacidad con este elemento, lo que facilita mucho la fotografía: antes, tocaba cargar rollos con diferentes sensibilidades; hoy resulta tan simple como cambiar el número según las condiciones de luz.

Este factor se mide regularmente en números desde 100 hasta 3600; en cámaras más profesionales, el rango es mayor. Los celulares traen esta opción en automático, lo que permite que la cámara decida su sensibilidad; el problema del ISO automático es que a mayor número, mayor grano va a ver su imagen (o ruido: esos píxeles tan feos que aparecen cuando se mira en detalle); en cambio, a menor número, más fina será la calidad de la foto.

La lógica indicaría, entonces, que uno debería mantener el número bajito. Pero no siempre es posible: a medida que la luz baja, es necesario subir el ISO. Lo recomendable en el día es estar por debajo de 400 y evitar irse por encima de 1000, aun con poca luz, especialmente en las cámaras de celulares, que generan mucho grano. Por eso nuestro consejo Plaza Sésamo del día es que usted decida el ISO de su imagen y, por lo tanto, su limpieza. El poder está en usted.

Velocidad de obturación

velocidad

Técnicamente, esta es la velocidad con la que se abre y se cierra el obturador

–dispositivo que regula el tiempo durante el cual la luz llega al sensor de una cámara, lógica que se sigue aplicando en la fotografía digital–.

Lo primero que debe tener claro es la fórmula de polinomios pluscuamperfectos de Sheldon Cooper (que nos acabamos de inventar): a mayor velocidad de obturación, menos luz llegará al sensor y a menor velocidad de obturación, más luz llegará al sensor. ¿Muy enredado? Esto quiere decir que en condiciones de poca luz –como en interiores, noches y baticuevas–, lo mejor es disminuir la velocidad de obturación para que se vea lo que se quiere fotografiar, aunque se corra el riesgo de que todo quede movido –especialmente si las personas están bailando reggaetón–.

Si ha visto esas lindas fotos de gente escribiendo el nombre de su amor con una vela, esa es una clara muestra de una baja velocidad de obturación. Pero tenga en cuenta que debe tener un trípode o un soporte para que la imagen no salga borrosa.

Por otro lado, si se encuentra en condiciones de mucha luz –como un día de playa o bajo un reflector–, debe aumentar la velocidad para que no quede todo blanco. Tal vez así logre congelar el aleteo de un colibrí y ganarse un premio por la foto más cliché.

Apertura (diafragma)

apertura-y-profundidad

El diafragma es el hueco en el centro del lente por el cual pasa la luz. Si ha visto en su cámara o lente la letra f minúscula junto a un número, esa es la máxima cantidad de luz que pasa por la cámara. Entre más grande sea el número, menos luz llega y entre más pequeño, detiene menos la luz. Seguramente recuerda el plano clásico de James Bond disparando dentro de un círculo: ese es un diafragma. La apertura y la velocidad están siempre ligadas: un diafragma grande exige más velocidad y viceversa.

Las cámaras automáticas (como las de los celulares, las de lentes fijos o la mayoría de las digitales no profesionales) ofrecen diafragmas “intermedios”: ni muy abiertos ni muy cerrados (aproximadamente entre f5,6 y f11). Las cámaras tipo réflex, con lentes intercambiables, dependen del tipo de óptica que usted utilice. Generalmente, estos lentes tienen aperturas máximas de f3,5; lentes más caros suelen estar en f2,8 y unos específicos están por debajo de f2, lo que permite hacer tomas claras con poca luz. Por el otro lado, todos los lentes “profesionales” suelen llegar por encima de f22.

¿Para qué sirve entonces esa maldita f? El diafragma tiene una función clave en nuestro siguiente punto, que es una de las palabras más pisoteadas en la fotografía.

Profundidad de campo

La profundidad de campo efectiva depende de la apertura, la distancia focal –que no vamos a explicar porque suena demasiado técnica– y la distancia a la que estemos del objeto que queremos enfocar.

Una profundidad de campo reducida resalta o aísla un objeto con respecto al fondo. Por ejemplo, en un retrato o en una gota de agua sobre un pétalo (poesía pura) se suele ver desenfocado lo que se encuentra alrededor, detrás o delante del sujeto.

Al contrario, una profundidad de campo amplia sirve para que toda la escena quede nítida. Para estos casos se recomienda un plano general, abierto, como un paisaje en el que queremos que se vean tanto las montañas al fondo como los árboles más cercanos.

Para lograr esas diferentes profundidades de campo se utiliza principalmente la variable del diafragma y volvemos al punto anterior: entre más pequeño sea el número de la f, menor será la profundidad y, en llave, la velocidad podrá ser mayor. Casi todas las cámaras, incluso las más automáticas, permiten modificar la apertura del lente. Deje la pereza y sáquele el mayor provecho a las máquinas.

Sobre filtros y retoques hablaremos en otra ocasión. Lo que queríamos con esta didáctica nota era demostrar que una buena foto no depende de grandes cámaras ni de muchos efectos, simplemente de un buen ojo. Como diría Bob Ross: ¡felices fotos!

 

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