POR: Juan Camilo Corredor Lunes, 19 Septiembre 2016

Recordamos esos días en los que la peruana
era la única televisión internacional que llegaba a Colombia.

 
Perúbolica, así era como le llamábamos a la televisión por cable en los noventa. Aquella internacional (peruana, mexicana o brasilera, para ser exactos) que no era de los operadores de cable convencionales colombianos. “No nos hágamos tarugos”, como decía la Chimoltrufia: en esa época casi todos teníamos perúbolica. Sí, estoy hablando de aquellas antenas de televisión gigantes, que casi siempre se encontraban ubicadas en el techo de los salones de junta de acción comunal, al lado del parque, y había al menos una por barrio.
 
Con la perúbolica crecimos. Y debemos aceptarlo, algunos privilegiados –casi siempre primos a los que odiábamos por ello– tenían otros operadores un poco más legales y mejor constituidos, con los que podían disfrutar de MTV con Daria y Beavis & Butthead, RAI con su estúpida y sensual liga italiana, Cinemax con su soft porn y otros canales con mejores producciones… pero bueno, como me dijo el psicólogo en la terapia del martes pasado: “es hora de olvidar ese episodio”.
 
Por eso decidí ahondar un poco más en nuestra realidad de esa época. Me refiero a los alrededores de 1993. Era sábado en la mañana. Armado con un vaso de CAL-C-TOSE (/cal · se · tose/) en una mano (por que era el que traía figuritas de los Thunder Cats) y en la otra el control del televisor, me levantaba temprano, víctima de la rutina endemoniada de madrugar para ir al colegio. No había nada más aburridor que encender el televisor y encontrarse con La cabalgata deportiva Gillette o Paz verde. No quiero demeritar a la televisión colombiana, esa también contaba con una gran franja infantil, cultural y fantásticos refritos de series gringas o japonesas y buenos productos locales. Ahí estaban Nopo y GontaLa brújula mágicaNiños en crecimientoMatemáticas con Nico y Tap –no confundir con Nip/Tuck– y muchos más programas que estoy guardando con la esperanza de que el editor de la revista me deje escribir sobre ellos en una futura ocasión [nota del editor: ¡hágale caso a su psicólogo y deje hablar de televisión!].
 
Salir a jugar a la calle era la mejor opción, aunque uno no veía más remedio que cambiar de canal y ensimismarse en las adictivas maratones de TV, con la verdadera cabalgata deportiva: el Show de Karina y Timoteo, que duraba dos lustros, sesenta horas y tres microfaradios. La califico como “deportiva” porque incluía salto largo de responsabilidades, cien metros planos de pereza, nado y baño sincronizado con los comerciales, gimnasia rítmica con la traída de mandados y, por último, boxeo porque era una pelea con la mamá para que uno almorzara cuando estaba en el clímax de la segunda casa del zodiaco.
 
Con ese contexto, presento una parrilla de programación que une series emblemáticas y una mezcla de canales: Panamericana de Televisión, Frecuencia Latina, Canal 5 en tu mismo canal (daban Dragon Ball avanzado), Canal de las Estrellas (infortunadamente conocimos a Chabelo y Cándido Pérez, que por el intro uno pensaba que eran muñequitos), Band (¡sí, Band! Básicamente uno se repetía todos lo programas de los otros canales pero en portugués. Era muy bueno porque uno aprendía el idioma con unas películas que daban tarde en la noche, en las que enseñaban cada una de las vocales y mucho de anatomía).

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PARRILLA DE PROGRAMACIÓN

9:00 a. m. – 1:00 p. m.

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Karina y Timoteo

separadorFlashman 

separadorUltra Man

separadorThunder Cats

separadorSupercampeones

separadorLos defensores

separadorCaballeros del Zodiaco

separadorDragón Ball

separadorSailor Moon

separadorEl Chavo del Ocho

separadorLas guerreras mágicas

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1:00 p. m. – 2:00 p. m.

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Laura en América 

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2:00 p. m. – 4:00 p. m.

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4:00 p. m. – 4: 45 p. m.

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Pataclaun

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4:45 p. m. – 5:30 p. m.

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Cebollitas

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5:30 p. m. – 6:00 p. m.

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Los Choches

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6:00 p. m. – 6:30 p. m.

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Grande Pa

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6:30 p. m. – 7:00 p. m.

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Torbellino (Huracán de pasiones)

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7:00 p. m. – 7:30 p. m.

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JB Noticias

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8:00 p. m. – 9:30 p. m.

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Risas y Salsa

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9:30 p. m. – 10:30 p. m.

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Pulso. Con Jaime Bayly

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