POR: Natalie López Valencia Martes, 19 Mayo 2015

Hablamos con Ciro Guerra sobre el rodaje de El abrazo de la serpiente, una de las películas colombianas que está en Cannes 2015.

separador

 

E


ste año Colombia es el país latinoamericano con mayor presencia en Cannes: El Abrazo de la Serpiente, de Ciro Guerra, La tierra y la sombra, de César Acevedo, y Alias María, de José Luis Rugeles, son parte de la cuota nacional que representa el cine colombiano en la tierra de Truffaut. Hablamos con Ciro Guerra sobre el rodaje de El abrazo de la serpiente, experiencia que resultó en un verdadero viaje hacia lo desconocido y generó una mirada a través de los sueños a ese más allá que nuestra racionalidad no nos deja entender. 

La película, rodada en blanco y negro, está inspirada visualmente en las fotografías tomadas por exploradores como Theodor Koch-Grunberg y Richard Evan Schultes, imágenes de una Amazonía desprovista de todo el exotismo y esa carga turística y exuberante que se le quiere dar en la actualidad. A partir del jueves 21 de mayo, los colombianos podrán apreciar la cinta en las salas de cine de nuestro país.

Nilbio Torres es Karamakate Joven Andres Cordoba

¿En qué momento decidió realizar esta película?

Después de terminar Los viajes del viento, que era una película que hablaba de cosas muy personales, del pasado, de mi familia y de la cultura de la que venía, quise irme en la dirección opuesta: viajar hacia lo desconocido e invitar al espectador a ser parte de este viaje. No hay nada más inexplorado para un colombiano que la Amazonía, una región a la que le hemos dado la espalda, sobre la que conocemos poco. Yo tenía el sueño de hacer una película en la selva, entonces empecé a investigar y me encontré con la historia de los primeros exploradores de la Amazonía, me pareció fascinante porque esos encuentros que se dieron en las selvas colombianas transformaron al mundo.


¿Cuáles fueron los retos a nivel de producción que tuvieron que asumir al rodar en la selva?

No hubo nada fácil, realmente todo era un reto. Aparte del hecho de ser una película rodada en la selva, es un filme de época que recrea una Amazonía que ya no existe. La película necesitaba actores indígenas, porque no era posible hacer esto con actores que hicieran de indígenas, se tenía que ver con mucha autenticidad y la única manera era trabajando con indígenas de verdad. En la película se hablan diez idiomas diferentes: eso fue un desafío gigante. Además decidimos que se iba a rodar en 35 milímetros y eso también planteaba inquietudes a nivel logístico. Cada cosa se planeó muy cuidadosamente pero todo significó un desafío gigante.


¿Cómo fue el trabajo actoral con los indígenas?

Al principio ellos tenían dudas porque, normalmente, cuando llega gente de afuera a la selva, va con intenciones poco transparentes; nosotros les explicamos cuál era el significado profundo de la película y ellos lo relacionaron con la historia de sus abuelos, entendieron que era importante contar esa historia que se ha callado durante tanto tiempo.

Inicialmente estaba muy preocupado por la idea de cómo explicarle a un grupo de indígenas, a personas que nunca han ido a cine o que en algunos casos ni siquiera han visto televisión, qué es la actuación o qué es una escena. Pero ellos tienen una fortaleza muy grande: vienen de una tradición oral muy fuerte, lo que significa que saben cómo escuchar y saben transmitir. Ellos se metieron con todo el corazón y con todo el rigor en sus personajes, tanto así que Jan Bijvoet,un actor belga de larga tradición, dijo que eran los mejores actores que había visto en su vida.

El mayor reto fue para los extranjeros, que tenían que aprenderse el guion en lengua indígena, pero ellos lo asumieron con mucho profesionalismo, nos pidieron que les mandáramos cómo se decía cada palabra fonéticamente y, cuando llegaron aquí, hablaban la lengua perfectamente.


¿Qué anécdotas o sucesos los marcaron durante el rodaje?

Teníamos la protección de un payé amazónico (médico tradicional o curandero) para que nos ayudara, porque uno en la selva está en riesgo constantemente y cualquier cosa que pasara en esta película podía ser un desastre, solamente con que se volcara una canoa se nos podía acabar el rodaje.

Durante la preproducción vimos que llovía 36 horas seguidas, entonces pensábamos que iba a ser terrible, pero sucedió algo extraño: no nos llovió durante cinco semanas de rodaje, cortábamos a almorzar y caía un aguacero de una hora y cuando volvíamos a rodar escampaba. El único día que nos llovió, nos acabó, fue un desastre.


¿Cómo asumió o asimiló usted esas tradiciones que no pertenecen a la cultura occidental mientras rodaba en la selva?

Entramos de una manera muy respetuosa a la selva, no tratamos de imponer un estilo de producción occidental. Eso es un poco lo que ha pasado con las películas que se ruedan en la selva y que terminan siendo unos infiernos de rodajes. Siento que, tal vez, es porque tratan de imponerse sobre una cosa que es mucho más fuerte que uno –la selva–: si ella quiere lo devora a uno en cinco minutos.


¿Qué cosas lo sorprendieron durante este rodaje?

En la medida que iba adentrándome en la película iba descubriendo que con lo que me estaba encontrado era con un conocimiento casi infinito e intangible, no era posible para mí tratar de entenderlo y retratarlo todo, es un pensamiento totalmente diferente al nuestro y del que tenemos que aprender, porque la manera en que ellos asumen su relación, no solo con la naturaleza sino con el otro, es lo que nos hace mucha falta.

¿Hubo un cambio en usted debido al contacto con la selva y con los indígenas?

No me es posible dar una respuesta en palabras sencillas, lo que sí puedo decir es que después de haber hecho esta película me siento mucho más liviano, no tan pesado, más desprevenido en la relación con el mundo.


¿Qué diferencias hay entre el Amazonas de la película y el Amazonas actual y real?

Hoy en día el Amazonas es más cercano al campo colombiano: ha sido afectado profundamente por la agricultura, por la ganadería y por la minería, entonces esta selva virgen y estas culturas en su estado original ya no las puedes encontrar fácilmente –aunque todavía hay algunas comunidades aisladas que sobreviven muy lejos de nuestro alcance–; pero la que fue la Amazonía de los grandes sabedores, de los grandes guerreros payé, ya la perdimos. Esperamos que a través de esta película pueda vivir en la memoria colectiva.


¿A qué cree usted que se deba el hecho de que los mismos colombianos no valoremos nuestra cultura?

Estamos en un país donde todo el tiempo nos han dicho que tenemos que mirar para Europa o para Estados Unidos como nuestro referente, nos han enseñado a despreciarnos, odiarnos, decirnos que somos unos iguazos, que todo lo colombiano es una porquería… esa es la cultura en la que hemos crecido. Yo no creo en eso y, si seguimos ese camino, pues lo que vamos a tener es una pseudosociedad occidental muy precaria y violenta, mientras que si escuchamos y le damos el valor que tiene a nuestro conocimiento tradicional, ahí hay un camino, un camino muy verdadero, un camino con corazón.

No me interesa explorar en el cine el realismo, me parece que hay demasiado de eso y está bien que exista, es un camino estético muy válido, pero yo creo que hay algo más allá y este también es un espacio para soñar: el cine es una gran máquina de sueños que, por su propia naturaleza, parte de la realidad pero que tiene la capacidad de llevarnos hacia nuevos mundos y nuevas ideas.


¿De qué adolece el cine nacional?

Siento que es un cine que tiene mucho talento, que le falta todavía experiencia, pero lo más importante es que los colombianos nos sentemos a verlo y a debatirlo, más allá de los estereotipos que se han dicho a través de los medios de comunicación y que los colombianos hemos aprendido como borregos, como que el cine colombiano es solo violencia, narcotráfico y guerrilla. Hace ya varios años que eso no es cierto y es responsabilidad de todos darnos cuenta de que estamos empezando lo que podría ser una época dorada del cine colombiano, pero si no lo valoramos, no se va a dar.


¿Por qué la película se llama El abrazo de la serpiente?

En la mitología amazónica, la serpiente es el ser mítico que descendió de la vía láctea, trajo los seres humanos, los depositó en medio de la selva y les dejó una serie de instrucciones para que aprendieran a vivir. Cuando los seres humanos tienen alguna pregunta, alguna duda o algo que aprender, se comunican con ella través de las plantas y ella desciende, su abrazo te lleva a nuevos lugares, a nuevos mundos, eso es lo que yo espero que esta película sea para el espectador.

el abrazo1
Un personaje del cine…

León María Lozano en Cóndores no entierran todos los días, interpretado por el actor Frank Ramírez.


Un director…

José María Arzuaga.


Un superhéroe o superpoder que le gustaría tener…

Atticus Finch de la novela Matar a un ruiseñor tiene un superpoder muy grande que es la verdad.


Su plato preferido…

En este momento es el arroz caldoso de mariscos.


¿Qué comieron en la selva?

Mucho pescado, mucha yuca, mucha fariña –que es una harina de yuca que se hace allá–, casabe, y también algo de cachirí, que es licor de yuca.


¿Con qué sueña?

Con despertar.


¿Qué hace al despertar todas las mañanas?

Dar gracias.

separador

 

Etiquetas:

Cine Colombia

RECOMENDADOS

INTERESAR

RECIENTE

RELACIONADOS