POR: Nick Martínez Miércoles, 21 Septiembre 2016

Determinar el futuro comercial y artístico de su obra puede ser posible con una investigación rigurosa y tal vez un par de fotografías.

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Una certificación de arte es, en pocas palabras, un documento que indica toda la información técnica, científica e histórica de una obra. Cualquier persona puede certificar una obra de arte contemporánea propia o ajena y, por supuesto, también puede hacerlo con piezas de época. Hacerlo evita plagios, comercializa las piezas en un mercado confiable y le permite al artista tener un reconocimiento después de su muerte. Este documento también guía el conocimiento sobre la originalidad de la obra, concluyendo quién es su autor (si no se conoce), cuál es su título, la técnica que se usó, el año, sus dimensiones, el estilo y su precio.

Lo ideal es que cada persona, a la hora de preparar un trabajo creativo, inicie una recopilación de fotografías, realice una comparación de su obra –en busca de referentes–, recoja publicaciones y documentos, almacene relatos de exposiciones y cree un archivo que identifica cada detalle de determinada pieza.

¿Cuál es el máximo nivel de certificación?

Hay varios niveles en el cual una obra de arte se puede certificar, el pertenecer a una de ellas depende de la complejidad y originalidad que el artista imprime en su pieza. El máximo escalón se conoce como mano de autor: aquí se declara que la obra es totalmente original y comprendida como fidedigna en el trabajo realizado durante la vida de ese artista. Esto quiere decir que si usted está vivo, tiene su obra en la mano, sabe que no es una copia y que su ingenio fue el que le dio vida a esa pieza, puede ser parte de este nivel, que en la industria del arte es bien recibido a la hora de dar un avalúo y una venta nacional o internacional.

Los otros tres niveles de certificación son el de atribución a taller, en el que se puede asegurar que la obra –aunque tenga trabajo de terceros– proviene del taller en el cual el artista trabaja (o trabajaba) y, por ende, también posee la mano y técnica del artista en cuestión.

La atribución a círculo del artista, similar a la de taller, puede determinar que la pieza coincide en tiempo y que fue realizada por terceros (amigos o conocidos), pero concluye que el artista no participó directamente en ella.

Por último, la atribución a época –que es normalmente para obras de creadores ya fallecidos– puede definir si la pieza fue realizada en un año en que el autor al que se le hace referencia vivió, mas no se puede comprobar que sea definitivamente de él.

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¿Qué documentos debe presentar un artista para certificar su obra de arte?

Al iniciar un proceso de certificación, la firma encargada le pedirá un documento jurídico que pueda avalar su obra. La manera más sencilla de obtenerlo es documentar un proceso: esto quiere decir que lo ideal es hacer un registro por medio de, al menos, dos fotografías: una del desarrollo de la obra y otra con su autor.

De esa forma, cuando finalice su creación, junte todo en un archivo PDF, redacte una ficha técnica que reúna la mayor cantidad de datos técnicos que haya trabajado en su obra, diríjase a la página de derechos de autor de Colombia y siga los pasos. Ahí entenderá por qué el documentar todo es tan importante. Lo mejor de este trámite es que es gratis, no toma más de diez minutos y en menos de quince días le da todos los derechos de su obra y un soporte jurídico que respalda su pieza. Incluso, con ese documento usted puede reducir el tiempo de seguimiento que hacen las firmas encargadas de certificar obras.

¿Cuál es el proceso que sigue?

Hay que entender la diferencia entre certificación (proceso) y certificado (documento firmado y avalado por el equipo investigativo y el autor). ¿Por qué? Si usted posee una obra de un artista vivo o muerto, al momento de iniciar una certificación se comprueba que el tamaño, color, estilo y todo lo demás esté acorde con la ficha técnica del autor. Si todo coincide, no habrá ningún inconveniente a la hora de dar un certificado.

Pero si algo no cuadra en el proceso, los investigadores a cargo de la certificación no harán valida la pieza. La razón de eso es bastante simple: el maestro es el único que sabe y reconoce cada detalle de sus obras y, si hay algo que no está estipulado, el total no podrá ser considerado como original y el aval del artista para poder dar un certificado no será posible. Pueden existir casos en los que las obras no originales toman un valor en el mercado, pero son muy raros y sus los procesos pueden variar en tiempo.

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¿Por qué una obra no puede ser certificada?

Existen trabas legales con las obras de apropiación (donde más de una persona reclama autoría sobre la pieza). A la final, toda pieza puede llegar a ser certificada. Claro: si incumple con alguna especificación técnica o en la investigación se determina que es una falsificación, no podrá lograrlo. El certificado se da a una obra original de determinado autor y no a un plagio realizado por otra persona.

Incluso, “si el artista está vivo, no debe haber ningún problema”. Así lo afirma Ricardo Perdomo, director del centro de arte NEST y coordinador de investigación de la firma ABLAC (Art Boreau of Latin American Certifications), firma que se encarga de la investigación histórica y técnica de obras latinoamericanas e internacionales, con el objetivo de lograr una certificación, avalúo y puesta en venta en el mercado a nivel mundial.

La dificultad de certificar una obra y el costo de este proceso también dependen de qué tan novedosa sea la técnica del artista, sus procesos de producción. Por ejemplo: “una instalación que tiene demasiados componentes, como elementos sonoros, audiovisuales y/o disposiciones arquitectónicas a la hora de ser presentada, requiere de una mayor cantidad de documentos para saber que sigue siendo una obra original después de un tiempo considerable”.

En contraste, un dibujo en papel no tiene tantos requerimientos pero, para determinar un valor general no se reduce a eso: ningún artista es igual a otro.  

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¿Una obra toma mayor valor cuando se certifica?

Según Perdomo, sí genera más confianza en el mercado ya que “permite llevar a cabo lo que se conoce como provenance, que es el resumen histórico que una pieza ha tenido desde que el artista la creó en su taller hasta que llega a las manos de la firma. Esto quiere decir que evidencia quiénes han sido los dueños durante el paso del tiempo. Por ejemplo: una pieza en cien años pudo haber tenido tres o cuatro dueños diferentes, sobre todo si aumenta de valor; es gracias a esa certificación que se mantiene la confianza no solo en el mercado, sino de la persona que ahora posee esa determinada obra en sus manos”.

¿Hay que renovar estas certificaciones?

La certificación no debería ser renovada; sin embargo, con una certificación también se hace un avalúo. Hay que notar que el mercado puede fluctuar o un artista puede hacerse más o menos exitoso con el tiempo, por lo que el precio de las piezas puede variar. La renovación no se guía tanto por el acto de certificar una pieza sino de definir el valor que corresponde al momento.

¿Todas las obras deben tener este certificado para ser expuestas en una galería?

“No. La certificación es más una demanda del comprador que desea una determinada obra, si esta aún no cuenta con ese seguimiento y proceso”, afirma Perdomo. El artista puede exponer sin ningún problema, puede documentar procesos y adjuntarlos a su biblioteca de especificaciones y logros, para que a la hora de requerir un certificado todo sea más específico.

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¿Cómo se determina el avalúo de una obra?

Hay que tener en cuenta que la certificación es diferente al avalúo, ya que el segundo corresponde al valor que cobra una obra al momento de entrar al mercado y lo puede determinar un equipo de expertos (peritos) ajeno a la firma certificadora y al artista.

Una certificación se puede hacer cuando la obra recién sale del taller o cuando la pieza no le pertenece al artista, está circulando en el mercado y empieza a tener un valor comercial. En el primer caso, el artista puede dar una sumatoria de costos, además de generar un comparativo con otras personas que están produciendo obras similares y así establecer una estrategia de precios para empezar a competir en el mercado. Por el otro lado, una vez que la pieza ya no pertenece al artista y se convierte en un bien, pasa de mano en mano o de galería en galería, el avalúo depende de exposiciones, premios, colecciones y, en general, el recorrido que tenga el artista; en este punto, ya es el mercado el que pone el precio.

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* Fotografías de la exposición Deep surface en el centro de arte NEST, “Una exposición de pintores, pero no necesariamente de pintura”. Bajo la curaduría de Franklin Aguirre y, como artistas participantes, Santiago Cubides, Dimo García, Gonzalo García, Walber Pérez, Giovanni Randazzo, Sebastián Ramirez, Leonardo Rodríguez, Alejandro Sánchez y Viviana Troya.

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