TEXTO Y FOTOGRAFÍA: Natalia Zuluaga S. Jueves, 16 Febrero 2017

Entre la línea del dibujo y la mancha de la pintura, Jorge Lewis define su obra.separador

Jorge Lewis, un hombre de baja estatura y de cabeza afeitada, se acomoda en su taller y, después de describir lo que para él es el arte, “flujo vital”, opina sin titubeos sobre su juventud en comparación con la actual. Para este artista, quienes vivieron su adolescencia en los noventa eran jóvenes sin matices: “O eras punkero o eras metalero. Y si eras punkero o metalero, no te podía gustar la salsa”.

Quienes vivimos nuestra adolescencia ahora, según Jorge, tenemos muchos tonos, a veces demasiados. Después de ir a un festival de rock podemos llegar a la casa a oír salsa, pero también nos pasa que, por estar saltando de un lado a otro, difícilmente encontramos lo que Lewis define como esencial para ser artista: “Una pregunta. Tienes que tener una pregunta que te guíe en el proceso, porque el arte no debería quedarse solo en el preciosismo de la obra”.

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Jorge aprecia el arte en general tanto como aprecia el trabajo específico de quien dibuja. En sus estudiantes, o en cualquier persona, espera encontrar por lo menos una agenda de dibujos: “Me gusta más el término de dibujante que el de artista. Para mí, cualquier persona que dibuje es interesante, tiene cosas chéveres en la cabeza. Cualquier persona que tenga una agenda de bocetos piensa constantemente. No sé si piensa distinto a los demás, pero está siempre maquinando algo”.

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Su quehacer como artista está dirigido por dos cosas. La primera es la búsqueda constante de sí mismo, de su interior, que ha intentado resolver a través del dibujo. “¿Qué hay detrás de la subjetividad de rayar?”, dice Lewis, quien ve el dibujo como la línea encargada de guiar la vida.

La segunda es el análisis de sus comportamientos en relación con la ciudad en la que vive. La Bogotá urbana, donde se encuentran millones de personas a diario, es el tema al que Jorge le da vueltas a través de la historieta.

Por otro lado, su trabajo como profesor, mucho más allá de enseñar técnicas y calificar, se ha enfocado en motivar a los estudiantes para que luego ellos se hagan sus propias preguntas y tengan arte a la mano para responder.

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Nacido en Bogotá, hijo de una profesora de filosofía, Jorge Lewis se enamoró del dibujo gracias a los libros de historia. Los grandes bloques de texto, acompañados de ilustraciones de pintores alemanes y de Goya, fueron los encargados de mostrarle por primera vez a Lewis el increíble mundo del arte. Varias décadas después, en la comodidad de su apartamento, afirma que también sus profesores de bachillerato lograron sembrar una buena semilla en él: la del artista.

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A los diecisiete años Lewis terminó el colegio para encontrarse con una trifurcación: ¿fútbol, arte o licenciatura? El fútbol lo había atrapado desde los doce hasta el punto de llevarlo a hacer parte de una liga; el arte lo había encontrado en sus profesores y en los libros de su mamá, y la docencia lo había perseguido durante todo su bachillerato como normalista.

El día que decidió presentarse a Educación Física en la Universidad Pedagógica, su puntaje del Icfes no le permitió entrar. Por suerte, a pocas cuadras estaba La Sabana y se inscribió a Licenciatura en Artes. La Sabana estaba en su proceso de traslado hacia Chía, y la carrera que Jorge escogió era semipresencial. Contrario a lo que se creería de estudiar a distancia, esta característica aumentó la disciplina y el rigor de Lewis. “Fue con esos cursos a distancia que aprendí a trabajar solo”, afirma.

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Un semestre después, Jorge entró a estudiar Artes Plásticas en la Academia Superior de Artes de Bogotá (A.S.A.B.) con la seguridad de que era eso lo que quería y no más licenciatura. Su madre lo convenció de quedarse en la dos y hoy es artista plástico, licenciado en artes, especialista en medios y tecnologías para la producción pictórica y máster en diseño e ilustración.

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Aunque no ingresó nunca a una academia deportiva, a sus cuarenta años el fútbol sigue haciendo parte de su vida diaria: es hincha del América de Cali y todavía, cuando el tiempo se lo permite, juega fútbol en algunas canchas de la ciudad.

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Más de veinte cuadernos, carpetas y libretas hacen parte de la biblioteca de Lewis, todos suyos. Después de hablar sobre su experiencia con la academia, Jorge va sacando, uno a uno, los cuadernos que demuestran sin lugar a dudas sus habilidades para el dibujo, la ilustración y hasta las letras.

Él mismo lo afirma: cada uno de estos cuadernos podría tener una firma propia. Cada agenda de bocetos podría pertenecer a un artista diferente. La cabeza y las dos manos de Lewis producen imágenes que el espectador podría acreditar a tres cabezas y seis manos distintas.

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En sus páginas se ven trazos de lápices y bolígrafos, pedazos de cinta de papel, retazos de otros dibujos pegados, párrafos de ideas que antes de ser imágenes fueron palabras y recortes de periódicos. De uno de los cuadernos sale una mujer en papel de calco, todavía sin color, sin mucha fuerza en los trazos, líneas rectas y círculos atraviesan su rostro y su cuerpo. Del mismo cuaderno, unas páginas más adelante, sale la misma mujer: la cintura es delgada y los pechos son perfectamente redondos; tiene labios de mujer afro, muslos grandes y pies bruscos; sigue estando en papel de calco. La mujer terminada está impresa en una postal color cobre, es mucho más pequeña que sus primeras versiones. Dos serpientes se asoman por sus brazos, los mismos que tiene apoyados en la cabeza. El producto terminado es fiel a la primera mujer.

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Mientras Jorge pasa las páginas de estas agendas, habla con respeto del boceto, de lo que sorprendentemente llama mamarrachos, porque para el ojo común podrían fácilmente ser cuadros apunto de exponer. El mismo respeto se nota en las páginas en las que nada se borra: cuando Lewis dibuja, lo que no le gusta lo cubre con cinta, jamás lo desaparece, sigue ahí. La primera idea puede no ser la mejor, pero jamás dejará de ser la primera. Esa idea es, mal que bien, la madre de las demás y de esa forma la trata este artista.

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Como trabajo de grado en Licenciatura en Artes, Lewis realizó una historieta con el objetivo de tratar desde su técnica dos temas que también le gustan mucho: el cine y la cotidianidad del contador de historias. Hoy, involucrado todavía con la historieta y el cómic, Jorge afirma que lo que hace en estos trabajos es cine dibujado, sin movimiento.

Su relación con la pintura está ligada a su relación con el dibujo: “La pintura es una expresión en mancha, el dibujo es línea”. Lewis se describe a sí mismo como más amante de la línea que de la mancha, sin prescindir de la segunda.

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Después de estudiar, Jorge comenzó a trabajar como freelance ilustrando para proyectos editoriales. A pesar de haber estudiado Artes Plásticas, gran parte de su comienzo en el mundo laboral se dio en áreas del diseño, incluso la docencia. Para Lewis era hora de volver al arte y entre el 2010 y el 2011 decidió irse a Buenos Aires.

En Argentina, además de hacer una especialización en Pintura en la Universidad Nacional de las Artes, tuvo la oportunidad de conocer a varios artistas y extrañamente terminó más relacionado con el mundo del cómic. Conoció a Luis Scafati, a Liniers y a Gustavo Sala, y se encarretó aún más con las historietas. Su siguiente destino fue España. Durante el 2014 y el 2015 Lewis dedicó su tiempo a un máster en Ilustración en la Universidad Politécnica de Valencia.

“Mi capital son los amigos que voy encontrando, casi todos dibujantes”, dice Lewis.

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Ahora, Lewis está dedicado a sus clases y a trabajos personales y con otros artistas. Hace poco lanzó su primer libro de imagen En los tiempos del jaguar y la serpiente, un libro plegable con dos grandes imágenes y pequeños textos, escritos también por Jorge, del que solo se imprimieron cien ejemplares. Otro libro se cocina en su casa: junto con la Universidad Santo Tomás y otros autores prepara una novela gráfica sobre la vida urbana en Bogotá.

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El diseño de tatuajes está también dentro de sus proyectos actuales. Antes de imprimir un dibujo en la piel de alguien, Lewis está concentrado en mejorar sus diseños y en buscar a alguien que sea tan bueno para el arte de rayar la piel como él lo es para el arte de rayar el papel. En Casa Bebop encontró a David Jaramillo, a quien confía sus diseños y de quien espera aprender algo para algún día tatuar él mismo.

Un documental sobre su trabajo y un mapping sobre un mural hecho por él son otros de los trabajos más recientes en los que este artista ha participado. Para que no se quede con las ganas, esto es de lo que estamos hablando:

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Los cuatro materiales preferidos de Jorge Lewis:

1. Lápiz
2. Bolígrafo
3. Acrílico / Aerosol
4. Papel

Recomendaciones:

Películas: Europa de Lars von Trier por el inicio y el final – 2001: odisea en el espacio de Stanley Kubrick.
Libro: Contrato con Dios de Will Eisner.
Lugar: El Mediterráneo.separador

// Fotografías: Natalia Zuluaga S. Video: Nicolás Rocha y Natalia Zuluaga S. //separador

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